Cómo saber si una estrategia urbana está generando cambios reales en el territorio

El 29º Encuentro de Planificación Estratégica Urbana y Territorial organizado por Ebrópolis reunió el 26 y 27 de mayo en Zaragoza a más de 40 profesionales de 25 entidades de toda España, para abordar una pregunta que está ganando centralidad en la agenda urbana: cómo evaluar el impacto real de la planificación estratégica en la ciudadanía.

Después de décadas de experiencia en el diseño e implementación de estrategias territoriales, el sector afronta un desafío que ya no puede aplazarse: ir más allá del seguimiento de indicadores operativos y preguntarse qué transformaciones reales están generando los planes estratégicos en los territorios. No si se han ejecutado las acciones previstas. Sino qué ha cambiado y cuál ha sido el impacto de la estrategia.

El encuentro se articuló en dos bloques temáticos: ¿Qué significa evaluar el impacto de la planificación estratégica? y Del dato a la decisión: cómo la evidencia transforma la política pública. Una estructura que combina el marco conceptual con experiencias concretas de ciudades y territorios que ya están intentando responder esa pregunta.

La conferencia inaugural corrió a cargo de Francisco Longo, profesor del Centro de Gobernanza Pública de Esade, quien defendió que integrar la evaluación permanente en la toma de decisiones es imprescindible para generar confianza institucional y mejorar la calidad de las políticas públicas. Su tesis de fondo: «Los problemas colectivos se resuelven desde lo local».

En la segunda jornada, Josep Maria Pascual, coordinador de AERYC y director de ECU, abrió las sesiones con su ponencia «Dimensiones de la evaluación de una estrategia en tiempos de incertidumbres y cambios permanentes en los entornos«. Su aportación situó el foco en un elemento que habitualmente queda fuera de los sistemas de evaluación convencionales: la generación de capital social.

«Un plan estratégico funciona cuando hay un antes y un después en la organización del sistema de actores en un territorio», señaló Pascual. Dicho de otro modo: una estrategia urbana no ha transformado nada si los actores del territorio siguen relacionándose de la misma manera que antes de su implementación. El capital social generado —la capacidad de colaborar, de construir confianza, de actuar colectivamente— es uno de los indicadores más relevantes y menos medidos del impacto estratégico real.

En ECU trabajamos desde esa convicción. Evaluar una estrategia urbana no puede limitarse a contabilizar actuaciones ejecutadas o indicadores cumplidos. Implica preguntarse si el territorio se organiza de otra manera, si los actores que lo habitan han desarrollado nuevas capacidades de colaboración y si las instituciones democráticas han ganado legitimidad ante la ciudadanía.

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